Inicio Foros TRANSPORTE Por un Peso, Nos quedamos de un lado de la Vía.

Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó  Maria Florencia Andrada hace 3 años, 12 meses.

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    Maria Florencia Andrada
    Jefe de claves

    por Mauricio Frapiccini

    Si señor, aprendimos la lección!

    Ya pasó un año desde que el tren dejó de venir a La Pampa porque se inundaron 2 puentes y eso nos indica que el tren de pasajeros y encomiendas al interior del país no es un negocio rentable.

    El análisis es muy simple: A nadie se le ocurre que el ramal que utiliza el tren carguero, que saca nuestra producción de granos a los puertos, deje de funcionar por un año. ¿Se imaginan a los chacareros abandonar los campos? ¿Y que ya no siembren porque se cayó un puente?

    Si ese fuera el caso los puentes serían reparados en contados días, hasta con los recursos del Ejercito Argentino¡¡¡

    Pero el de pasajeros definitivamente no encaja en la agenda de los grandes gobiernos ni de las grandes empresas. Y seguimos con la idea del Plan Larkin de la década del 50: Mientras que no se vayan los del campo, no importa si los del pueblo se mudan al conurbano bonaerense.

    Y al final queda esto: Un país donde el 40% de su población intenta vivir concentrada en un solo punto y eso.. señores.. eso es caro.

    Seguramente en los próximos meses el servicio se restablecerá y nuevamente podamos volver en tren a Buenos Aires en un viaje de 22 horas de puro placer.

    Pero igual así ya no sirve; porque el ferrocarril es otra cosa: El ferrocarril debe ser como el cartero: “… Ni el viento, ni la nieve ni la lluvia ni el sol…” Ni nada lo debería detener.

    El tren tienen que demostrar que es un servicio serio, montado sobre rieles serios y sostenido por leyes claras, cortas y fáciles de entender. Sobre ese tipo de ferrocarril se generan expectativas y se montan nuevos comercios, negocios, emprendimientos e industrias.

    El ferrocarril es un formador de precios.

    En el caso de La pampa, desde 2004, varios intendentes conformaron el consorcio Unión Pacífico y junto a otras asociaciones amantes del ferrocarril contactaron a distintos ministros nacionales y provinciales solicitando orquestar mediante leyes y presupuestos una empresa estatal que regente el tren del ramal Sarmiento.

    En 2009 el gobierno nacional, antes de las elecciones de junio, anuncia el regreso del tren a La Pampa y, además, se acuerda que el mantenimiento de las estaciones y los patios ferroviarios quedaría a cargo de los municipios. Esto comienza a capitalizarse cuando en Unión, San Luis, dictan talleres de capacitación a unos 70 obreros y se recuperan muchos kilómetros de ramales y material ferroviario abandonado.

    Pero luego de las elecciones todo quedó en la nada. 2 años de nada.

    En 2011 esa promesa incumplida, junto a otras, quedó expuesta en un informe de TN y otros medios nacionales y gracias al peso de la noticia finalmente el tren regresó a nuestros lares a modo de prueba con un costo simbólico del pasaje de $1.

    Y aquí está la lección: Porque lo más importante del ferrocarril es su espíritu y el tren no regresó de forma coordinada e integradora según se venía charlando con los pueblos del ramal. No. La famosa “grieta” rompió ese espíritu de unión y el tren regresó por decreto, inconsulto y a las apuradas. Con un mensaje clarísimo desde el gobierno nacional: “Este tren lo pagamos nosotros y va a funcionar como nosotros queramos”.

    En ese momento fue como si lo Nacional y Popular fuera inalcanzable, intocable y muy lejano para los del interior. Porque muchos de los funcionarios y ciudadanos que trabajaron durante años para coordinar el consorcio y calcular mil veces los costos y apostar a una empresa interprovincial sostenible bajaron los brazos. Y todos vimos como varios intendentes se vieron a un lado de la vía, aplaudiendo un tren que no se sabía muy bien mediante que organismo funcionaba ni que garantías ofrecía.

    ¿Pero cómo cuestionar algo cuando solo cuesta $1? ¿Que análisis merece? ¿Como competir contra eso?

    Igual la vida continua y luego del periodo de pruebas llegó en avión, a inaugurar el tren, Randazzo. Quién aprovechó para lanzar su campaña presidencial; pero como quedó del otro lado de la grieta sucedió lo normal, lo lógico: Ante el primer inconveniente el tren dejó de funcionar.

    En definitiva, ahora es indistinto si el tren regresa o no; porque en estas condiciones no significa nada. Y los pueblos del interior debemos seguir adelante con el proyecto original: Un tren sostenible, confiable y largo placista. Porque aprendimos que no sirve que el tren regrese como una gauchada para los del interior; el tren debe ser una política de estado consensuada y coordinada con el interior.

    Argentina necesita un ferrocarril que trascienda a través de los gobiernos y soporte tanto inundaciones como alternancias políticas. Observe usted, que paradójicamente, nuestro ferrocarril fue construido por terratenientes y militares y hoy mediante leyes de estado, debería también poder prosperar en ejercicio de la democracia.

    Para que el ferrocarril sea una buena idea, tanto los pueblos comprendidos por el ramal como el gobierno nacional, deben entender y predicar que el regreso del tren a las vías no solo sirve para que los pueblerinos del interior pueda viajar a Once “para ir al doctor”. No, es mucho más que eso; el gobierno debe demostrar claras intenciones de que el tren regresa al resto de país para generar nuevas oportunidades y para que las empresas del gran Buenos Aires confíen en la logística de nuestras provincias, y así, a través de esas arterias conseguir un país más saludable.

    Porque si creen que sostener un ferrocarril es costoso… entonces prueben cerrar ramales y sabrán lo que cuesta sostener un país demográficamente deformado.

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