Inicio Foros ECONOMÍA Los arándanos y la dislexia económica Argentina

Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó  Maria Florencia Andrada hace 3 años, 5 meses.

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    Maria Florencia Andrada
    Jefe de claves

    Por Mauricio Frapiccini – Enero 2017.

    En los gobiernos de los últimos cuarenta años, y más aún en la administración actual, se perfilan políticas de estado para que seamos un país netamente agroexportador y pareciera que la única estrategia de modelo económico es intentar insertarnos en el mundo para ser competitivos a cualquier precio, sin importar el costo de nuestra identidad como sociedad. La metodología más popular hasta hoy y repito llevada adelante por todos los signos políticos, es la siguiente: Rebajar nuestros sueldos y depreciar nuestra moneda con respecto al dólar, para así costar menos.

    Siempre, la totalidad de nuestros economistas políticos utilizan la misma receta como medio principal para ser competitivos y de esa manera poder generar empleo.

    Cuando uno asiste a sus charlas, los economistas hablan de ser competitivos implementando tecnología, capacitaciones y aumentando la eficiencia y la producción generando empleo de calidad; sin embargo lo dicen desde la boca para afuera; porque sea quien sea el ministro de hacienda de turno, tras unos pocos cambios cosméticos, nos libera al mercado global en busca de soluciones desde afuera bajando siempre el valor de nuestro esfuerzo, de nuestro sueldo, devaluando el peso argentino.

    Y eso, un poco, es traicionar nuestros intereses. Valemos menos para poder vender nuestro esfuerzo al mundo.

    El siguiente ejemplo describe con exactitud los frutos de esta ideología de base como nación que hemos aceptado todos: Observe la cantidad de dislexias e incongruencias entre el gobierno, sus políticas, sus ministerios, los productores, exportadores, los captadores de dólares y nosotros, la población. ¿Y cual es el mensaje que nos damos a nosotros mismos como país?

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    La paradoja de los arándanos:

    El Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, por presión del gremio de la UATRE, el año pasado determinó que los jornaleros que cosechan arándanos a mano, tengan una saludable jornada laboral y solo junten unos 25 Kg por día. Esta resolución nacional impactó de lleno en Entre Ríos, porque contratar más jornaleros los deja fuera de competencia en los mercados internacionales.

    Los jornaleros (que cobran en pesos argentinos) por lo general juntan unos 40 kg por día y eso permite a los exportadores conseguir dólares desde afuera. Por eso es que un dólar de $16 en este momento les resulta un poco ajustado para ellos.

    Paso a explicar el porqué:

    El año 2016 trajo bastantes dolores de cabeza al sector, porque es una industria netamente exportadora y con esta decisión del gobierno nacional se termina un poco de hundir el repunte que necesita la actividad.

    Lo incongruente de todo esto es que por un lado ésta resolución busca revalorizar los derechos del trabajador; pero a nivel macroeconómico el gobierno nacional sigue estrictamente buscando dólares para poder subsistir y repartir entre su enorme aparato estatal de onerosos sueldos.

    Un sector del estado y los gremios como UATRE buscan un trato justo para los argentinos; pero el país sigue buscando competitividad afuera sin importar lo que le suceda a su población.

    Tal es la distorsión de nuestra ideología como país que este año 2 millones de kilos de arándanos quedaron sin cosechar, porque por la caída del precio internacional y la suba de costos en Argentina llevaron a un parate de la actividad.

    Los exportadores de arándanos de la región mesopotámica se preocupan por esta caída de precios y solicitan un dólar más competitivo (de $26), porque ahora hay una superproducción mundial de esta fruta, culpa de Perú y otros, entonces Estados Unidos, que compra el 70% de la fruta exportable de Argentina nos pega un patadón y nos manda a devaluar nuestra moneda. (Una vez más)

    Concretamente, los productores decidieron dejar de cosechar porque perdían plata y un total de 2 millones de kilos de arándanos quedaron en los campos de un estimado total de 9 millones de kilos de producción regional. (Poco más de 1.000 hectáreas.)

    Con este corte en la cosecha se ahorraron de pagar unos 70 mil jornales, incluidas tareas de campo, empaque y transporte. En Concordia, por ejemplo, se podaron las plantas con toda la fruta arriba, porque ni siquiera se les pasó por la cabeza considerarnos a nosotros, los argentinos, como posibles compradores de arándanos.

    No señor. Nosotros compramos en pesos y ellos buscan devaluar nuestra moneda y revalorizar el dólar.

    Los exportadores señalan que los costos de los jornaleros, la logística, las políticas de impuestos y la lenta devolución del IVA, son los factores que le quitan competitividad a la producción nacional.

    Ahora bien, es ético y moral que en Argentina existan empresas exportadoras, eso está muy bien. La distorsión aparece cuando los argentinos dejamos de ser dignos de comer lo que nosotros producimos.

    Lo tóxico, lo que nos achata como sociedad es cuando primero intentamos meter nuestra producción afuera para así repartir y valorar mucho más la moneda extranjera.

    Lo tóxico es cuando para poder afianzarse en el mercado internacional nuestros compatriotas piden al Ministerio de Hacienda un dólar de $26 y nadie se escandaliza, y así poder pagar sueldo más baratos ante los ojos de las economías extranjeras, (dignas de comer arándanos entre otra cosas).

    El Estado no comprende el enorme daño social que se produce cuando Dujovne y compañía toman crédito internacional en dólares con contratos con asiento en Nueva York para reactivar los mercados locales. Pareciera que solo saben hacer eso y logran siempre el mismo resultado:

    Tratar de quedar bien ante el mundo antes que priorizar nuestro bienestar común.

    Es ese espíritu antipatriótico que nos degrada como nación y que mella nuestra identidad, porque aceptamos, entre otras cosas, que no somos merecedores de consumir nuestras frutas de primera calidad. Aprendimos con estos modelos macroeconómicos que las buenas cosas son para los demás.

    Podar una planta con sus frutos encima antes que venderlos en el mercado local es un extremo que debe terminar.

    Primero debemos estar nosotros, afianzar nuestra soberanía y nuestra confianza y salir del modelo que solo preocupa al sector exportador. No se genera empleo de calidad insertándonos a cualquier costo en el mundo.

    No ser dignos del producto de nuestra tierra porque nuestra moneda vale menos nos quita confianza y nos desvaloriza.

    Y está todo mal porque más importante que nuestros clientes son nuestros valores. Sepa usted que el valor que nosotros le damos a nuestra moneda habla expresamente de cuánto nos valoramos a nosotros mismos como sociedad, y ese precio lo ponemos nosotros, no los demás.

    Termino diciendo esto: nosotros ya somos un país pobre entonces no hay riesgos de ponernos en andas e intentar recuperar nuestra dignidad.

    Mauricio Frapiccini, enero 2017.

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