Inicio Foros ECONOMÍA La Inflación y los Impuestos al Consumo, al Trabajo y a la Actividad.

Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó  Maria Florencia Andrada hace 3 años, 9 meses.

  • Autor
    Publicaciones
  • #438

    Maria Florencia Andrada
    Jefe de claves

    Por Javier Magra.

    ¿Mezcla destructiva?

    Es sabido que los “hábitos destructivos” que generamos los argentinos para nuestro sistema de financiamiento del sector público son herramientas que en menor o mayor medida todos los sectores de oposición cuestionamos y que cuando estamos a cargo del gobierno, nos vemos obligados a mantener sino a empeorar.

    Nótese que hablo en primera persona porque estoy convencido que no es un tema de Ideas, sino una trampa enquistada en el modelo de gobierno y en el propio contrato social, que nos condiciona a todos por igual y esto hace que más allá de las ideologías, todos nos veamos tentados a no tocar estos factores como si fuera una artefacto explosivo que no admite por donde entrarle.

    Cada vez que se intenta corregir una variable de estas, inmediatamente se golpea otra cuestión que se manifiesta como ajuste, reducción de subsidios, etc. Estas cuestiones, también influyen en factores que generan nueva pobreza, decrecimiento o estancamiento, y desocupación. Por lo cual el circulo vicioso se retroalimenta requiriendo más subsidios, y por consiguiente aumentando impuestos o elevando el nivel de inflación, con lo cual la rueda se torna destructiva.

    ¿Condena inevitable?

    Quizá, de alguna manera, todo este círculo que nos plantea una trampa de características inevitables, haya generado la peor de las calamidades: esto es, que la expectativa de todo argentino, sea que estos factores llegaron alguna vez para quedarse para siempre y no pueden ser modificados. No obstante, este aspecto, parece tener solución, porque de alguna manera los conceptos los instalamos nosotros mismos y nos convencimos entre nosotros sobre su inalterabilidad y determinismo. En parte esta teoría se retroalimenta por la visión que todo esto nos lo impuso el “Mercado” o el “F.M.I.” o “las Dictaduras”. Todo esto tiene fundamentos ciertos y profundos. Pero simplifican cuestiones más complejas que demuestran que el fenómeno está impulsado por nosotros.

    Veamos por un momento algunos temas que tal vez podamos convenir que nacieron bajo la decisión propia de algún gobierno X al que queremos no debemos culpar, ya que al fin de cuentas no hemos sido capaces de cambiarlo o no quisimos, por el resto del tiempo:

    • El Impuesto al Cheque, Transferencias o Débitos y Créditos Bancarios, como se lo conoció en distintos momentos desde que se creó, fue generado para una emergencia y por un año (seguro por un ministro inspirado por el demonio mismo). La realidad es que todos los gobiernos que pasaron, con todos los matices ideológicos lo dejaron y ampliaron para evitar que nadie se escape de él. Limitando la cadena de pagos, generando economía informal, por consiguiente generando trabajo precario, fondos que no aportan a otros impuestos, etc.
    • El impuesto al Valor Agregado que debió elevarse por un tiempo ante alguna “emergencia”, fue del 15, luego del 18, luego del 21 y todavía se espera que algún gobierno de algún signo distinto al que lo estableció, llegue el momento en que lo elimine.
    • Las altas cargas sociales por el trabajo, se mantienen también en todos los gobiernos o se intentan limitar con programas que generaron “contratos de trabajo precarios” con las tristemente célebres “leyes de flexibilización laboral”. Por lo cual ya nadie se anima a tocar estos aspectos.
    • El Impuesto a las Ganancias sobre trabajadores en relación de dependencia y pequeños monotributistas, generó por situaciones de emergencia distorsiones imperdonables que sigue costando enorme esfuerzo eliminar.

    Estos son sólo algunos ejemplos, de aquellas contribuciones que hicimos por nuestra cuenta sin que podamos responsabilizar al menos totalmente a terceros. Más bien somos responsables los argentinos, por acción u omisión. De hecho no se entendería de otra manera, si uno mira cuantos cambios de gobierno defienden la necesidad de mantener estas condiciones y las critican antes de llegar y luego de irse.

    Entonces, ¿no hay salida? Considero que sí la hay y como se suele decir: “la salida es por la puerta dónde entramos”. O mejor dicho, según decía Einstein “Los problemas no se pueden resolver en el mismo nivel de conciencia en que fueron creados”.

    ¿Por qué estamos trabados y atrapados?

    Según las técnicas para resolución de problemas, hay pasos que se deben seguir para plantear una alternativa viable y segura:

    • Una manera de encontrar una salida es imaginarse, o mucho mejor, tener una “visión”, sobre el lugar en el que queremos estar. Esto es lo que se denomina el “TO BE”.
    • Luego de ver esto con claridad, se debe describir cómo estamos, para hacer un diagnóstico. Esto es el “AS IS”.
    • El paso siguiente es detectar qué cuestiones nos separan entre el “AS IS” y el “TO BE” y a esto lo llamamos el “GAP”.
    • Lo que resta es trazar un mapa con estos 3 elementos y diseñar el camino para pasar del estado actual, al deseado. A esto lo podemos llamar el “PLAN”.

    Dicho esto, uno se pregunta, ¿qué es lo que hacemos parados hace 30 o 40 años en el mismo lugar?. Esta pregunta nos la hacemos todos los años, al votar, al escuchar un discurso de apertura de sesiones, o al escuchar una cadena nacional. Y la respuesta está en el inicio del problema. No podemos porque se transformó en un hábito.

    Los hábitos se pueden cambiar. Eso está claro, porque si no es así, no se explica que tanta gente deje de fumar. Pero eso no es lo único que debemos aprender de la solución al tabaquismo, ya que el primer coach que logró sacar el hábito a un individuo logró un paso enorme, pero aún no es la etapa de un logro colectivo. Luego de muchos años se arraigó en gran parte de la población adulta, una conducta y predisposición negativa que parecía impensado hace mucho tiempo atrás, esto fue conducido lentamente con inducción de conductas, como la prohibición de publicidad en el deporte, luego la publicidad negativa, la prohibición en casi todos los espacios públicos y privados pero de uso masivo. Con tanto esfuerzo, y luego de mucho esfuerzo y sacrificio de algunas generaciones de habitantes, se logró alcanzar el estado actual, en el que las nuevas generaciones tienen un contacto diferente con el hábito de fumar y lo perciben como algo no sólo dañino, sino absurdo, y esta conducta se traspasará de generación en generación, que hoy no comprende como fuimos tan “criminales” de fumar en avión, en un taxi, en el lugar de trabajo, o incluso, les parece un comportamiento muy extraño el de un grupo de “adultos” fumando en la puerta de un edificio de oficinas pasando tal vez frío y/o bajo la lluvia. Si nos abstraemos del vicio y como lo justificamos los que alguna vez fumamos, tenemos que creer que aquello que nos parecía natural e inevitable, era algo que se podía reformar. Sólo basta tener una visión clara del objetivo.

    Algo parecido se debe hacer con el medio a perder los ahorros, a quedar relegado en la carrera de los precios, a querer ganar en espiral de aumentos de precios y salarios, a evadir la actividad formal por sus costos y cargas distorsivas, a creerse condenado a estar fuera del sistema tanto uno mismo como nuestros hijos, y otros males que están enraizados en gran parte de los actores de la economía, causa que nos involucra a todos.

    No escapan de esto los planteos de la política, ya que criticamos la presión tributaria desde la oposición y la comprendemos y necesitamos cuando estamos en el Gobierno porque metemos miedo con el hecho de eliminar o reducir tal o cual impacto, implicaría realizar ajustes y recortes, y así seguimos tolerando una situación que demostradamente es insostenible. Como dice el dicho: “No se cambia lo que se tolera”

    Una posible salida: encontrar la puerta por donde entramos, abrirla y salir en fila

    Si pensamos en un “Sur” (no quiero decir “Norte”, porque está lejos y si buscamos un polo tenemos éste más cerca y a mano), considero que podemos pautar políticas tributarias, metas de inflación, desarrollo, empleo, política monetaria, y cualquier otro factor que influya en nuestro problema a muy largo plazo. Por ejemplo indicar nuestros “TO BE” en por lo menos 10 a 20 años.

    Tomemos como ejemplo una medida de aquellas que “alguien se vio obligado a implementar” como por ejemplo aumentar 2 veces el % de IVA. Con esta medida en nuestras manos podemos planificar un compromiso o “TO BE” y ya que el “AS IS” indica que la alícuota de IVA General es del 21%, sólo nos resta elaborar un plan para salvar el “GAP”.

    Supongamos que todos nos ponemos de acuerdo en que el IVA en 2026 tiene que ser del 11%, este sería el “TO BE”. Ante esta “visión” sólo nos queda implementar un PLAN para llegar a ese valor. Posiblemente podamos, en el contexto de una Ley Impositiva general y luego refrendar en las sucesivas Leyes de presupuesto Anuales, un marco que permita reducir los 10 puntos de “GAP” en tramos de a 6 meses. Así, podríamos decir que en junio de 2017 el IVA general deberá pasar de 21% a 20,5% y en diciembre de 2017 pasar a 20% y así sucesivamente año tras año, hasta cumplir con nuestra visión, por lo menos en lo que respecta a esta dimensión del problema.

    Por ejemplo en el próximo traspaso de mando, el nuevo Gobierno se encontraría con una tasa de IVA de 18% como había hace varios años y luego de otro mandato la tasa llegaría a 14% como estuvo hace muchos más años atrás. Si les parece muy abrupto, se puede hacer 1 ajuste por año y llegaríamos a bajar sólo un 5% en 10 años o estiramos el plazo del TOBE hasta 2027.

    Muchos preguntarán por qué no lo bajamos de golpe y hacemos un efecto inmediato y no gradual. Mi respuesta es que por esperar este momento especial de inspiración y acción, en el que se logre bajar significativamente, es que estamos inmovilizados y no se toman medidas en mucho tiempo.

    Otros dirán que se puede bajar lo mínimo indispensable sin pautar nada a largo plazo. Esto sería válido, si es que el enorme esfuerzo que significa sacrificar apenas medio punto de IVA de la recaudación de AFIP, redundara en una réplica igual sobre el efecto en los precios haciéndolos reducir.

    Un elemento importante de este tipo de medidas es que fijan pautas para todos los actores. Setean las expectativas inflacionarias, ya que los consumidores estarán esperando que los precios bajen una vez por semestre en la misma medida. Si bien esto puede no resultar viable, el sólo aumento restringido o nulo en los precios, significaría igualmente una mejora en los ingresos de los fijadores de precios.

    Este proceso puede llevar a una moderación en las expectativas de inflación a largo plazo, que complemente las medidas que atacan las otras causas de la inflación y que son más tradicionales como la contención del gasto público.

    Por otro lado, puede que la medida impacte en la recaudación, en un primer momento, pero a largo plazo, su contribución al aumento de la producción y el crecimiento de la economía podría ir compensando este efecto.

    Por otro lado, estas medidas pueden complementarse con fomentos vía devolución a los consumidores, potenciando la demanda de formalización de la actividad económica informal que hoy predomina.

    Medidas como estas se pueden implementar en las Retenciones a la Soja, como las que se anuncian ahora en el Gobierno, reducciones de Cargas Sociales costos derivados del Riesgo de Trabajo, para apoyar los programas de productividad, también se pueden aplicar al mecanismo para ajustar el Impuesto a las Ganancias y llevarlo a valores razonables en sus tablas y principales deducciones. El mismo método debería seguir cada una de provincias con el impuesto a los Ingresos Brutos.

    Al proponer algo a largo plazo, se requiere consenso político, con lo cual esto mata el síndrome de la opinión tomada en base a la posición política de turno. Al ser una medida gradual, también es esperable que tenga menor impacto económico en la baja de la recaudación y de última la hace predecible porque hay pautas de largo plazo.

    Los impuestos distorsivos que serpia deseable sean eliminados, como por ejemplo el caso de Impuesto al Cheque o las Ganancias de 4ta categoría. Para eliminar estos impuestos es posible que se requiera, primero expandir su consideración como Pago a Cuenta de otros impuestos y de a poco ser eliminarlos.

    Estas medidas tienden fijar pautas constantes durante largos períodos y sirven de incentivo para mantener precios, a la vez que se incrementa la rentabilidad lentamente sin generar inflación y se logra repartir parte de las ganancias obtenidas mediante los convenios colectivos de trabajos para la mejora del salario, de una manera constante y predecible, pero sin que esto conlleve más inflación.

    En este contexto se puede generar bases para un crecimiento que compense el valor nominal de los impuestos y lo reemplace por un mayor nivel de actividad y una mayor participación de la economía formal sobre el total de lo que producimos.

    Seguramente todo esto no tenga sentido si no se abordan medidas de fondo respecto a la eficiencia del gasto público, a las metas de inversión, las metas en materia monetaria y de tasas de interés, por lo cual esta propuesta no pretende ser reemplazo de ningún método tradicional, sino un complemento con algo nuevo y osado, pero por sobre todo “Distinto” a lo realizado hasta ahora.

Debes estar registrado para responder a este debate.