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Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó  Maria Florencia Andrada hace 3 años.

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    Maria Florencia Andrada
    Jefe de claves

    Aquel que crea que un crecimiento exponencial puede continuar hasta el infinito en un mundo finito es un loco, o bien un economista”
    Kenneth Boulding (1910 – 1993)

    La temática ambiental en la Argentina (y en el mundo) cobró enorme trascendencia mediática estas últimas décadas. Pero en el ámbito político y, sobre todo en el partidario, no se apuntó a tener posiciones comunes y acciones claras que estructuren una política ambiental progresista que contemple los tres componentes de la sustentabilidad que son el ecológico, el social y el económico.

    Quiero poner mayor énfasis en este último componente, no por soslayar los otros, sino porque es el que guarda mayores dificultades para los que no venimos de las disciplinas económicas para entender qué es lo que podemos hacer políticamente, y avizorar cual debería ser el horizonte.

    Las bases de un buen proyecto es tener un buen diagnóstico, y debemos pensar qué es lo que pasa en nuestra economía, sobre todo desde que se instaló el modelo neoliberal en la Argentina en la década del ´70. Desde ese entonces, vivimos cíclicamente la restricción externa -falta de dólares- por el fenómeno denominado “stop and go”.
    img1
    M= Importaciones / X= Exportaciones

    La restricción externa en Argentina, es producto de que la estructura productiva (que no cambió mucho después de instaurado el modelo neoliberal) trae aparejado un problema cíclico: el saldo de la balanza comercial comienza a declinar hasta ser negativo.

    Los dólares son necesarios para pagar importaciones (que en muchos casos son imprescindibles para seguir manteniendo la producción); remitir utilidades provenientes de la tan “ansiada” inversión extranjera directa; pagar deuda externa, más sus intereses; y lamentablemente solventar la fuga de capitales.

    Además, podemos decir que luego de pasar por distintas crisis (1989 y 2001), aumentamos el PBI desde el año 1986 pero no varió demasiado el índice GINI que es un coeficiente que mide la desigualdad, (es decir los ricos se volvieron más ricos y los pobres mucho más pobres).

    Otro punto de vista que no es tenido muy en cuenta por los economistas es el costo ecológico de esta matriz de exportación e importación argentino, cuyo saldo nos ha dado algunos años algún monto de dólares a favor a costo de una huella ecológica enorme (es un indicador de economía ecológica que representa el impacto ambiental generado por la demanda humana que se hace de los recursos existentes en los ecosistemas)

    Aquí comparto un material producido por el Grupo de Estudios sobre Economía, Ambiente y Sociedad de la Universidad Nacional de Rosario.
    img2
    C= Consumidores / I= Inversores / G= gasto Publico / X= Exportaciones / M= Importaciones Gha= Gigahectáreas (unidad de medida de huella ecológica)

    Si nos acercamos a una restricción externa debido al nivel de importaciones, la remisión de utilidades al extranjero, los exorbitantes pagos de deuda externa, la fuga de capitales (que el actual gobierno promueve brindando el mensaje que tener cuentas y sociedades offshore es legal y no traen problemas para el País) y el saldo desfavorable en la balanza comercial, lo que nos resta pensar es que hay que cambiar la estructura productiva además de empezar a repatriar capitales.

    Los capitales sabemos que no se manejan por mensajes políticos si no por rentabilidad, así que la consigna entonces es cambiar la estructura productiva que genere empleo, mejore la distribución del ingreso y la riqueza, sea sustentable desde el punto de vista ecológico y económico.
    Ante tamaño desafío, que puede generar parálisis, hay que proponer hechos concretos que orienten la acción.

    Para evitar seguir con más de lo mismo, y siguiendo el planteó de Progresistas en la campaña presidencial del año pasado, se debe abogar por una acción política fuerte, promoviendo el ordenamiento territorial ambiental.
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    Esto implica, entre otras cosas, armonizar lo urbano y lo rural junto a las cuencas hidrográficas a las que se pertenece. Las acciones en el corto y mediano plazo con más chances de ser visibilizadas es repensar la zona periurbana. Estas zonas son de las más estudiadas a nivel internacional donde se detectan altos índices conflictividad social. En nuestro País, y sobre todo en algunas provincias de la región Pampeana y el Litoral, la periurbana es la zona de disputa entre dos sectores económicos fuertes como son los productores agropecuarios y los desarrolladores urbanos.

    Nuestro deber político ante un escenario donde hay una hegemonía de un modelo productivo de fuerte sesgo extractivista que simplifica los ecosistemas, es promover estas zonas periurbanas como lugar de un modelo de producciones alternativas, vale decir, generar mayor cantidad de trabajo que el modelo hegemónico que ocupa cada vez menos cantidad de trabajadores y genera alta rentabilidad para unos pocos.

    El cambio es cultural, económico e intrincado. Requiere una batería de acciones del tipo legal, económicas, educativas, sociales y científicas.
    Es casi obligatorio para las fuerzas políticas progresistas promoverlo, para que nuestro querido País mejore sostenidamente su distribución del ingreso y riqueza, sin por eso dilapidar sus recursos naturales, sobre explotando algunos y sub aprovechando otros.

    Leonardo Vera
    Secretario Comité Ejecutivo Provincial Partido GEN Santa Fe.
    Asesor Técnico del Ministerio de Medio Ambiente del Gobierno de la Provincia de Santa Fe.

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